Amada iglesia de La Cumbre,

Reciban un saludo lleno de amor de nuestra parte. En los próximos días estaremos cumpliendo 3 meses en Uruguay. Dios ha sido bueno y nos ha ayudado a adaptarnos a la vida por acá. Ya hemos comenzado algo más parecido a una rutina, con las niñas en la escuela y el comienzo de la preparación para enseñar en CETAU. Pero no les miento cuando les digo que fuera del estar lejos de la familia y amigos, lo más difícil ha sido adaptarnos a una nueva iglesia local. Como dice nuestro pastor: “La Cumbre es un milagro”.

Eso es más cierto de lo que podría explicarles en algunas líneas. Sepan que les extrañamos mucho. El motivo de esta carta, además de saludarles, es expresarnos acerca de los acontecimientos de estos pasados días en los que nuestro pastor Javier Gómez ha sido electo como superintendente de distrito. Como miembros de La Cumbre, aunque estamos lejos, nos afecta también, y no queremos que piensen que estamos desentendidos de la situación. Todo lo contrario, queremos hacer lo que esté en nuestro alcance para cuidar la iglesia y ayudarla en este proceso de transición.

Cuando el pastor nos llamó para contarnos de lo que estaba pasando y explicar que sería candidato para dicho puesto, nos sorprendió mucho. Les confieso que por un momento consideramos montarnos en un avión para regresar. Más que otra cosa, el sentido de deber y responsabilidad por la iglesia se hizo una carga pesada. Pero la seguridad de que Dios nos trajo aquí en este momento, nos obligó a detenernos y pensar, y a orar. En su soberanía, Dios determinó que no estuviéramos allí cuando ocurriera esto. Y Dios no hace las cosas al azar.

Entonces, luego de pensar y orar, nos dimos cuenta de una realidad que fue difícil de aceptar. La iglesia es del Señor. Él tiene un plan con La Cumbre. Y ese plan es bueno. Por mucho tiempo, ese plan incluía a Javier Gómez como pastor. Y también por mucho tiempo, nos incluyó a nosotros como parte del equipo pastoral. Pero, al parecer, se acerca un momento en el cual ese plan (que sigue siendo bueno), no nos incluye a nosotros físicamente allí. Y más sorprendente aún (para nosotros), tampoco incluye a Javier Gómez como pastor. No tenemos una explicación para esto, pero a veces no hay explicaciones.

Hemos aprendido que cuando faltan las explicaciones, cuando no sabemos, tenemos que agarrarnos de lo que sí sabemos. Esto nos ayuda a tener una mejor perspectiva y a aceptar aquello que no podemos entender. De ahí podemos pasar a abrazar y hasta celebrar la voluntad de Dios, aunque no la entendamos.

Definitivamente, Dios trajo a Javier Gómez a La Cumbre. Y Dios bendijo nuestra iglesia de manera inmensa a través de su persona, su familia y su ministerio. Celebremos esto y honremos su gran trabajo. Ahora lo llama a otra tarea. Y qué ejemplo hermoso podemos ver en él, de obediencia, y de otra vez mostrar los valores que, guiado por el Espíritu Santo, nos ha enseñado por tanto tiempo. Qué mayor ejemplo de “cruzar al otro lado”, “solo seguimos órdenes” y “todo por Jesús”, entre otros. Es realmente emocionante ver cómo Dios nos ha ido preparando a todos para esto. Otra vez, Dios no improvisa.

Nuestro rol como iglesia es comisionarlo para este ministerio, y enviarlo, así como nos enviaron a nosotros a Uruguay, y pronto estaremos enviando a Link y Amneris a España. Así como también comisionamos y enviamos a cada miembro de La Cumbre a servir en tantos lugares, y hacer su parte en el cumplimiento de la Gran Comisión. El pastor Javier Gómez no se va de La Cumbre, lo enviamos.

Puedo dar fe de lo difícil que ha sido esto para él. Por muchos años, su nombre ha estado en la conversación para este puesto, pero por su amor a La Cumbre y su convicción de llamado a pastorearla, siempre había dicho que no. Hasta que fue Dios quien dijo “sí”. Y estoy seguro que esto será de gran bendición para La Alianza Cristiana y Misionera en Puerto Rico, y aun fuera de este.

Ahora nos toca ser sabios y diligentes en este proceso de transición. Buscar dirección de Dios para la toma de decisiones que se avecina. Confiando que así como lo ha hecho hasta ahora, nuestro Señor cuidará de nosotros. También es nuestro deber como iglesia cuidarlo a él y a su familia en su proceso de transición. Para todo este proceso, queremos que cuenten con nuestro apoyo, no solo en oración, sino también en cualquier otra manera que nos sea posible desde acá.

Finalmente, queda decirles que no es momento para desanimarnos. No es momento de “abandonar el barco”. Todo lo contrario. Es momento para soñar, es momento para confiar, es momento de seguir haciendo aquello para lo cual Dios nos alcanzó. Es momento de seguir “viviendo el llamado juntos” (como ha sido por mucho tiempo el lema de La Alianza). Sigamos luchando y orando por llegar a ser una comunidad cristiana bíblica donde se formen cristianos apasionados y fructíferos que honren a Dios y lo den a conocer, aquí, allá y en todo lugar.

Les amamos, Oscar & Charlotte

Rivera, Uruguay